lunes, 13 de febrero de 2012

GARZÓN



Me duele Garzón, me duele el sentimiento, admitiendo que éste puede doler. Me duele la justicia con mayúsculas, la que todos los ciudadanos de bien queremos y anhelamos, la que emana del sentido común y la que deberían impartir sus señorías de no estar al albur de los intereses de otros, de esos señores importantes y con muchos palillos que tocar y que de hecho tocan cuando les quieren tocar lo que ellos dicen que nadie debe tocarles: Su posición, sus oscuros y hediondos negocios, sus bulas que vienen de antaño muchas veces por derecho de cuna.

Señores: les aborrezco, no tengo una palabra que defina mejor lo que ustedes me provocan y no respeto ni acato su sentencia sobre las andanzas del díscolo Baltasar Garzón.
No crea Don Baltasar Garzón Real que él no tiene ciertas responsabilidades en todo esto. Creo que su acusado narcisismo no ha hecho más que llevarle por el mal camino, que sus muchas veces chapuceras instrucciones sumariales no han hecho más que perjudicarle. El hecho de meterse en charcos en los que nadie quiere meterse por la propia inercia de la judicatura y por el que dirán, no ha hecho más que agravar su situación, aunque estos por si solos no han sido determinantes.
Garzón debería haber pensado un poco antes de tomar ciertas decisiones, examinar del derecho y del revés cualquier actuación que fuera a llevar a cabo, procurando que nadie tuviera donde agarrarse y echar por tierra su buen nombre quedando como un rabulilla indocumentado con afán de protagonismo.
No crean ustedes que quiero cargarme a Garzón o echar una de cal y otra de arena, nada más lejos, solo quiero modestamente intentar poner las cosas en su sitio y no dejarme llevar por la bilis a la hora de enfocar este asunto y creo que Garzón con determinadas actitudes ha hinchado el velamen del barco pirata.
Los muchos y poderosos enemigos del Juez Garzón estarán celebrando por todo lo alto su fechoría y Federico Trillo estará rezando una novena a Escrivá de Balaguer por haber iluminado a sus señorías. No puedo dejar de nombrar a doña Margarita Robles y a don Joaquín Leguina ambos del PSOE y con manifiesta antipatía por Garzón, ellos sabrán los motivos.
Corren malos tiempos para la justicia justa y para los jueces que no lo son desde la cuna y con veleidades izquierdosas.