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Ante la huelga general convocada para el próximo día 29
de marzo, me asaltan diversos y encontrados sentimientos que emanan del propio
conflicto planteado y de la naturaleza de los convocantes. No cuestiono la
necesidad de hacer esta huelga, todo lo contrario, lo que sí cuestiono es el
papel que están jugando los sindicatos de clase en este paradigma que se ha
creado a raíz de la eclosión de la crisis económica con todos los aditamentos
que la hacen más dura y si cabe con un plus añadido de fatalidad.
Los sindicatos de clase han trabajado solo y únicamente
para los asalariados que tienen trabajo y ni todos. Más allá de los
trabajadores de las grandes empresas y los vilipendiados funcionarios y
estatuarios, parece que no haya nada, que no crezca la hierba y que el aire no
sea respirable. En esta situación de paro galopante que golpea a los más
débiles, cabía esperar que se tejiera una red de solidaridad para con los que
se han quedado sin nada y no abandonarlos, dejando a la caridad pública y a las ONG esta función. Parece
que lo único que mueva a los sindicatos de clase sea el poder cobrar cuotas y
recibir subvenciones del gobierno de turno.
Los sindicatos mayoritarios en todos estos años de
democracia han dado lugar a la creación de una casta de funcionarios-liberados
que se han aferrado a sus cargos para medrar, para aprovecharse de su situación
y en muchos casos pervertir la función para la que han sido elegidos. No
hablemos de los casos en que han intercambiado cromos con la patronal a cambio
de la colocación de familiares.
Los sindicatos, cómo los partidos políticos de la
izquierda, harían bien en regenerarse,
en abrir sus ventanas y dejar que el aire limpio invadiera todos sus
intersticios. No se puede convocar una huelga general sin ser capaces de
generar complicidades en la sociedad. El sindicato tiene que ir en primera fila
pero sin desasirse de la realidad y del conjunto de la sociedad. Entre los
trabajadores cada día se afianza más la convicción de que los sindicatos transitan
por caminos distintos a los de los trabajadores.
Está claro que ante la agresión que supone la reforma
laboral del PP hay que convocar una huelga general, pero procurando concitar
los máximos consensos sociales, sumando voluntades, incorporando a los jóvenes
sin olvidar a los parados que por su edad probablemente no encontrarán trabajo.
El discurso y la acción del sindicato no deben ir
solamente hacia los que todavía tienen trabajo, no puedo entender el sindicalismo de otra forma.
No me atrevo a decir lo que pasará el próximo día 29-M,
intuyo que la valoración del gubernamental será negativa y que los sindicatos
lamentarán las amenazas de la patronal que habrán impedido que paren muchos
trabajadores.
La postura crítica que mantengo hacia la aristocracia sindical
no me impedirá estar al día 29-M al lado de los míos, los trabajadores.
1 comentario:
nice to know! thx.
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