domingo, 23 de septiembre de 2007

¡FUEGO!



No ganamos para bicarbonato y agua del Carmen. Cuando parece que nos recuperamos de un desastre, (cercanías, apagón del verano) se nos prende fuego en el Hospital de la Vall d´Hebró.
Parece ser que el recinto dónde se encuentran ubicados los generadores ardió como una hoguera de San Juan. ¡Vayan ustedes a saber la causa!
Por suerte y gracias a los bomberos y al personal de centro que mostró su profesionalidad, no hubo que lamentar desgracias.
Las condiciones en que el personal tuvo que afrontar las tareas asistenciales, fueron penosas, tercermundistas y vergonzosas, más propias de un país en guerra que de la potencia económica que pretendemos ser.
Conociendo la institución, estoy convencido de que alguien había avisado de que esto podría suceder algún día.
Demasiados cargos para organizar, excesivas dosis de soberbia. Sin embargo los problemas están ahí, pudriéndose, agravándose día tras día.
Es cierto que la estructura arquitectónica de ese hospital, es antigua o quizás obsoleta si pensamos en como se debe organizar hoy en día un hospital.
Sin embargo, esto no es una excusa. Si el edificio que alberga el hospital se ha quedado viejo y no reúne las condiciones óptimas de seguridad, creo que hay que poner el acento en las medidas para reconducir esta situación y llevar a cabo las actuaciones que permitan consolidar unos niveles de seguridad razonables para los pacientes, y todo el personal que allí desarrolla su actividad profesional.
El pasado viernes, día en que se declaró el incendio, se anularon 1.400 visitas y se suspendieron 80 intervenciones.
En un escenario de retrasos y listas de espera, este hecho, aumenta el malestar de los pacientes y sus familiares quebrando la confianza en el sistema.
¿Es esta situación una causa del déficit de infraestructuras que viene afectando a Catalunya? Me atrevo a decir que no. Esto es la consecuencia de un modelo de gestión caduco, piramidal, basado en no afrontar los problemas, en el “no será para tanto”o “podría haber sido peor” y una dosis de arrogancia, soberbia y hábitos predemocráticos.
Esta vez nadie podrá pasar la culpa a “Madrid”. Lo tienen crudo. No hay forma, al menos creíble, de endosar este marroncillo a la tan cacareada discriminación en el reparo de fondos.
Por muy bien financiada que esté una comunidad, si esta no hace bien los deberes se le acaba viendo el plumero y pronto queda en evidencia la mala gestión de su clase dirigente.
¿Acaso cree la Consellera de Salut que todo este estado de cosas las solucionará la Llei de reforma del ICS?
Quizás ella lo cree y sus adláteres también ¡qué remedio! Las leyes pueden ser mejores o peores y sin embargo admiten interpretaciones varias. Con el actual marco se hubieran podido solucionar muchas cosas que han quedado relegadas por falta de voluntad política.
La nueva ley que va a regir los destinos del ICS puede ser buena o mala, dependiendo de quiénes la apliquen o la interpreten y mucho me temo –estoy convencido- de que en manos del cuadro escénico actual, esto será más de lo mismo.
Los malos hábitos no se pierden de un día para otro, las inercias pesan y los intereses creados a lo largo de décadas no se disuelven.
Estamos acostumbrados a ver personajes que cambian de “cargo” siempre en sentido ascendente. Otros se perpetúan a los largo de décadas. ¿Quién evalúa la idoneidad de la persona para el cargo? ¿Quién mide los resultados de la gestión de cada uno? Nadie. Todo se resume en términos de idoneidad coyuntural, y sólo los tontos muerden la mano que les da de comer.


1 comentario:

José Luis López Bulla dijo...

Querido Despertaferro: con tu permiso he colocado este artículo en el mío, en la sección Recomendamos. Lo más importante de su artículo es la sabia distinción de que el follón del fuego no es un problema de infraestructuras sino de otra cosa: la que explicas. Es importante porque ahora todo podría tener la excusa de falta de infraestructuras o envejecimiento o que la abuela fuma...