domingo, 2 de septiembre de 2007

MINISTRO, DIRECTORAS, MENTIRAS Y CINTAS DE VIDEO



El actual Ministro de Cultura tiene aspecto de funcionario.

Decíamos ayer que el verano toca a su fin y con los últimos estertores de esta -para muchos- magnífica estación, retomamos la cotidianeidad volvemos a lo de siempre, retomamos el contacto con el paisaje y el paisanaje habitual, pasando antes, por un pequeño periodo de estrés, fruto de la necesaria adaptación al cambio de vida placentero y relajado de las vacaciones por otra “vida” más real y menos epicúrea.

Con la incorporación a la normalidad, topamos de nuevo con el espectáculo de la vida política, que día tras día no deja de sorprendernos elevando a cotas cada vez más altas el nivel de hastío ciudadano.
Quiero referirme al triste episodio de la dimisión o cese de Rosa Regás como directora de la Biblioteca Nacional.
Con la llegada al Ministerio de Cultura de César Antonio Molina – personaje siniestro dónde los haya- se ha abierto la veda para mandar a la hoguera a Rosa Regás.
El robo de unos mapamundis ha sido la excusa y detonante para denostar y criticar sin miramientos la labor desarrollada por esta señora al frente de la Biblioteca, que desde el primer día ha merecido el desprecio de muchos personajes del propio partido del gobierno, sin contar por esperada, la constante campaña de los medios de la llamada “Brunete mediática”.
Es Rosa Regás, un personaje incómodo para muchos. No se calla. Mantiene sus opiniones y dice siempre lo que cree que debe decir.
Esta escritora hace gala de su republicanismo, critica a Hugo Chávez, les dice a los medios de comunicación lo que opina de ellos, es independiente, y lo es porque no necesita un pesebre dónde comer. No se ve obligada a moderar su discurso para homologarlo a la corrección política estándar.
Probablemente, su labor al frente de la Biblioteca Nacional, tendrá sus luces y sus sombras, sin embargo, por lo que he podido saber inició la microfilmación de los fondos de la biblioteca con el fin de poder preservar y mantener a buen recaudo los originales, que han sido durante años saqueados impunemente por la falta de medios de seguridad y protección.
Ha tenido Regás, una línea de actuación muy parecida a la de Pablo Fusi, nombrado en 1986. Fusi inició un plan de sistemas de seguridad, unificación de credenciales de investigador y toda una serie de medidas que hicieran difícil el expolio al que ha estado sometida la Biblioteca durante muchos años. Fusi consiguió también que fueran devueltos muchos libros que habían sido sustraídos por personas que frecuentaban aquella casa.

Regás ha fallado en una cosa: Ha sido imprudente a la hora de hablar cuando ha sido cuestionada. No debía nombrar al embajador de España en Argentina si no tenía pruebas fehacientes de que fuera el avalista de un ladrón.
Se le debe reconocer a Rosa Regás el derecho a defenderse cuando es acusada por una persona como César Antonio Molina de no haber hecho nada en tres años. Estas acusaciones por parte del ministro entrante parecen más un ajuste de cuentas personal que una valoración del trabajo realizado.

Todo este patético culebrón me lleva a concluir que quizás el perfil del gestor de un centro de la importancia de la Biblioteca Nacional, debería ser de otro tipo.
A primera vista, da la impresión de que una persona de letras, intelectual, escritor, reúne los requisitos más idóneos, sin embargo veo más en el papel de gestor de una institución de esta naturaleza a un gestor puro y duro, que tenga a su alrededor a expertos en cada materia que le asesoren en la toma de decisiones. Un gestor por definición y por convicción podrá lidiar con mucha más agilidad los temas domésticos como la seguridad, el personal, las infraestructuras y todo lo relacionado con los fines de la institución.
Los intelectuales, deben ejercer de lo que son, manifestando sus ideas, ejerciendo la critica y asesorando.
Creo que si ponemos a cada uno en su lugar, saldremos todos ganando y la cultura también.

3 comentarios:

manuel allue dijo...

César Antonio Molina ¡es un funcionario!.

Todo el episodio da vergüenza, mucha vergüenza sobre todo por el tono gritón y decalificador del ministro, por el tonillo, ya lo dices, de ajuste de cuentas, por el poco estilo y la mala pinta del tema.

César Antonio Molina, además, es un poeta mediocre. ¿Cómo se puede escribir "En la oscuridad del pabellón solitario / arden las hojas y las plumas de las aves / que se pierden en el bosque de la noche"? ¿Cómo se puede decir que está "insepulto en la pira de los astros" y a la vez ser ministro de cultura?

José Luis López Bulla dijo...

Cofrades Despertaferro y Allué: he leído con cierta sorpresa vuestros comentarios sobre el caso Regás y la destemplada intervención de Molina. Me ha chocado que 1) el gran Despertaferro le compare con "un funcionario", 2) que Manuel relacione, aunque indirectamente, ser ministro con mal poeta. Creo que es muy injusto usar el término funcionario en este caso. Y, por otra parte, nada está reñido con ser un poetastro y, simultáneamente, ser ministro. Tal vez lo más apropiado sea plantear que Molina se comportó como un hotentote, un malcaradamente ineducado en su comparecencia televisiva. Me dió pavor su dedo índice y su dentadura amenazante. De ahí que así las cosas podamos entender el inquietante verso que nos cita Manuel. Yo, desde luego, no me tomo un vaso de vino con este caballero en el Bar de la esquina.

DESPERTAFERRO dijo...

Mi querido Tito Ferino: No está en mi manojo de perversas intenciones utilizar una palabra inadecuada para definir al cabestro del Ministro de Cultura.
De siempre en este país se ha tenido un concepto poco amable del "funcionario" llamemosle tipo y este señor de alborotadas crines, ojos saltones y mandibula hipermasculina, reúne todos méritos para ser llamado así.
El funcionario estándar me merece todos los respetos como bien sabes.